Sainete o vodevil, Extremadura no se lo merece
Un sainete que Extremadura no se merece
Extremadura sigue sin Gobierno. Guardiola nos entregó a los extremeños a Feijóo para que fuésemos sus conejillos de Indias sin importarle las consecuencias o tal vez creyendo ingenuamente que la jugada le iba a salir bien. Siete millones de euros después, y varios meses de parálisis institucional, PP y VOX continúan enredados en su propio laberinto de vetos, egos y despropósitos políticos mientras la región paga, literalmente, la factura de su incapacidad para llegar a un acuerdo. El espectáculo se prolonga, y lo que comenzó como una negociación tensa ha terminado pareciendo una parodia propia de un vodevil cutre.
La ciudadanía extremeña no puede seguir siendo rehén de un pulso partidista. Las consecuencias son tangibles: la falta de presupuestos implica que inversiones, servicios y programas queden paralizados. La propia consejera de Hacienda, Elena Manzano, reconoció públicamente que esta ausencia de cuentas puede costar hasta 500 millones de euros . A esta cifra habría que sumar el coste económico y social de un eventual anticipo electoral, que no solo vaciaría las arcas, sino también la paciencia de los extremeños.
Pero lo inaudito es el nivel de disparates que rodea a este fracaso político. Uno de los representantes de VOX ha llegado a justificar la incomparecencia de su partido a una reunión con la presidenta porque —según ha afirmado— el correo electrónico “acabó en la carpeta de spam” . No se sabe si reír o llorar ante semejante excusa, impropia de quien aspira a gobernar una comunidad autónoma. ¿De verdad el futuro de los extremeños puede depender de un filtro de correo?
Mientras tanto, la vida real continúa. La tasa de abandono escolar vuelve a aumentar, el desempleo sigue golpeando con especial dureza a jóvenes y mujeres, y los fondos europeos y nacionales que deben impulsar políticas activas de empleo o de innovación permanecen congelados, aguardando un presupuesto que no llega.
Extremadura no se merece este sainete. No es un plató de televisión ni un laboratorio de pruebas políticas. Es una tierra que necesita gestión, certezas y compromiso. Cada día de retraso, cada correo “que se pierde” y cada desencuentro público no solo erosionan la imagen de las instituciones: restan oportunidades, proyectos y futuro a una comunidad que ya ha soportado demasiado.
Ya me diréis si cabe esperar algo bueno para Extremadura de un Gobierno conformado con estos mimbres.