El maquillaje del mercado laboral extremeño
Cómo los datos de empleo se usan para ocultar una realidad estructural que el Gobierno extremeño prefiere no ver
1. La estadística como arma política
Cada mes, con puntualidad casi litúrgica, la Junta de
Extremadura convoca rueda de prensa para comentar los datos del paro registrado
que publica el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE). El ritual siempre
sigue el mismo guión: se destaca el número de parados menos respecto al mes
anterior, se celebra el "mejor enero de los últimos veinte años" o el
"mejor marzo desde la crisis", y se concluye con un mensaje
tranquilizador sobre la senda de creación de empleo que sigue la región. Lo que
pocas veces aparece en ese relato son las otras cifras: las que hablan de
salarios, de precariedad, de jóvenes que se van, de una tasa de paro que sigue
siendo la segunda más alta de España.
Este artículo no cuestiona que el empleo en Extremadura haya mejorado en los últimos años. Lo ha hecho, y lo mismo ha sucedido en el resto del país. Lo que cuestiona es la presentación parcial, selectiva y sistemáticamente optimista de una realidad laboral que, mirada en su conjunto, sigue planteando problemas estructurales gravísimos. Porque el verdadero problema no es que los datos sean falsos, sino que sean incompletos. Y la información incompleta, cuando se ofrece de manera interesada, es una forma de desinformación.
"Una verdad a medias es a menudo una gran mentira" · Benjamin Franklin
2. El truco del paro registrado: la foto más amable posible
El paro registrado del SEPE es la estadística más
utilizada en los comunicados de prensa de la Junta. Y no es casual: es la que
mejor se presta a la comparación mensual y a la narrativa de la mejora. Sin
embargo, el paro registrado solo contabiliza a quienes están inscritos como
demandantes de empleo en las oficinas públicas. Excluye, por definición, a
quienes se han dado de baja por desánimo, a quienes han emigrado, a quienes
trabajan en la economía sumergida, o a quienes han pasado a alguna forma de inactividad
"voluntaria" ante la falta de perspectivas.
La Encuesta
de Población Activa (EPA) del INE ofrece una imagen muy diferente. Según sus
datos, Extremadura cerró el primer trimestre de 2025 con una tasa de paro
del 16,6%, la más alta de todo el territorio español. A lo largo del año
fue bajando, pero al terminar el segundo trimestre de 2025, la región seguía
liderando el desempleo nacional con un 15,48%, casi el doble que Cantabria
o Madrid. En el cuarto trimestre de 2025, tras meses de mejoras que el Gobierno
autonómico celebró con énfasis, la tasa de paro todavía se situaba en el 13,4%,
la segunda más elevada del país, solo superada por Andalucía.
Este es el contexto que raramente acompaña a las notas de prensa oficiales. Cuando se anuncia que "el paro baja 3.000 personas en un mes", no se menciona que la región de la que se habla es la que más paro tiene de España. Es como aplaudir que un enfermo grave haya bajado décimas de fiebre sin mencionar que sigue ingresado en la UCI..
3. La trampa de la tasa de actividad: el paro oculto de los que se rinden
Uno de los
fenómenos más silenciados en los análisis oficiales es el efecto de la baja
tasa de actividad sobre las cifras de desempleo. La tasa de actividad mide
qué proporción de la población en edad de trabajar está efectivamente en el
mercado laboral, ya sea empleada o buscando empleo. Cuando esta tasa es baja,
puede indicar un mercado laboral que ha dejado de atraer a parte de su
población potencial: personas que han dejado de buscar trabajo por no
encontrarlo, o que han emigrado.
Extremadura presenta históricamente tasas de actividad
inferiores a la media nacional. Esto significa que su tasa de paro, por elevada
que sea, no refleja plenamente toda la inactividad económica de la región. Una
parte significativa de la población extremeña en edad de trabajar directamente
no figura ni como ocupada ni como parada: ha salido del mercado laboral. Que
este fenómeno no se analice ni se explique en las ruedas de prensa mensuales
sobre el paro constituye una omisión informativa de primer orden.
4. Los salarios que no salen en la foto de familia
Tener empleo
no es sinónimo de tener un empleo digno. Los datos del INE sitúan a Extremadura
como la tercera comunidad autónoma con el salario medio más bajo de España,
con 2.127 euros brutos mensuales en 2024, más de 600 euros por debajo de la
media del País Vasco y casi 400 por debajo de la media nacional. Los
salarios extremeños están aproximadamente 400 euros por debajo de la media del
país, una brecha que no cierra pese al crecimiento del empleo que los
gobiernos de turno celebran trimestre a trimestre.
Estos datos revelan un patrón conocido pero
sistemáticamente evitado en el discurso oficial: el empleo que se crea en
Extremadura es mayoritariamente de baja calidad, concentrado en sectores con
alta estacionalidad y baja remuneración —agricultura, hostelería, servicios
auxiliares— y con fuerte presencia de jornada parcial. Que haya más ocupados no
implica, por tanto, que haya más bienestar económico, especialmente cuando el
salario mediano regional se halla entre los peores del país.
En 2025 el
69,5% de los contratos registrados en Extremadura en febrero de ese año fueron
temporales, situando a la región entre las de mayor inestabilidad laboral
de España. Este dato, raramente visible en las ruedas de prensa de la Junta,
define mejor la realidad cotidiana de los trabajadores extremeños que las
cifras mensuales de variación del paro.
5. La brecha de género: otro ángulo ciego del relato oficial
Dos de
cada tres personas paradas en la región son mujeres, con especial
incidencia en el tramo de 40 a 59 años, donde el desempleo femenino afecta al
69% de las mujeres en esa franja de edad. Se trata de una brecha de género en
el desempleo que no tiene reflejo en el discurso oficial, que tiende a
presentar la creación de empleo femenino como un dato positivo sin
contextualizar la profundidad del problema de partida.
Que Extremadura presente una brecha salarial de género
relativamente baja en comparación con otras comunidades no es necesariamente
una buena noticia: cuando los salarios de partida son tan bajos para todos, la
desigualdad entre hombres y mujeres se estrecha sencillamente porque hay menos
espacio para que sea grande. No es igualdad por arriba, sino convergencia en la
precariedad.
6. La hemorragia silenciosa: jóvenes que se van y no cuentan
Quizás el
dato más revelador de la situación real del mercado laboral extremeño es uno
que no aparece en las estadísticas de empleo: la pérdida continuada de
población. Los datos del INE (Estadística Continua de Población) son
inequívocos: durante el cuarto trimestre de 2023, Extremadura fue una de las
dos únicas comunidades autónomas de todo el país en las que la población
descendió, y lo mismo ocurrió en el primer trimestre de 2025. Mientras casi
toda España crecía demográficamente, Extremadura seguía perdiendo habitantes.
La emigración interior —hacia otras comunidades
autónomas— es el mecanismo principal de esa pérdida. Los datos de la EMCR
(Estadística de Migraciones y Cambios de Residencia del INE) muestran que
Extremadura registra sistemáticamente un saldo migratorio interior negativo, es
decir, salen más personas hacia otras regiones de las que llegan. En 2022, 2023
y 2024 la región figuró entre las comunidades con peor saldo migratorio total.
Este fenómeno afecta de forma especialmente intensa a la población joven, que
encuentra en otras comunidades las oportunidades laborales y salariales que el
mercado extremeño no ofrece.
El efecto
estadístico de este éxodo es perverso: al reducirse la población activa joven, las
tasas de paro mejoran artificialmente, porque hay menos personas en el
denominador. El paro baja, en parte, porque los parados se marchan. Las
proyecciones del INE son aún más preocupantes: de mantenerse las tendencias
actuales, Extremadura sería una de las comunidades con mayor descenso de
población en los próximos quince años, con una caída estimada del 3,4%, la
segunda pérdida relativa más alta del país, solo superada por Asturias. La
"Extremadura vaciada" no es solo un problema demográfico o de
infraestructuras: es, ante todo, el resultado de un mercado laboral sin futuro
para sus jóvenes. Por eso, y ya tendremos oportunidad de ahondar más en el
asunto, es una absoluta majadería que en el infame acuerdo para formar Gobierno
PP y VOX planteen medidas que desincentivan la llegada de población migrante a
Extremadura.
7. El paro de larga duración: la tragedia que no se comenta
Otro elemento sistemáticamente ausente del análisis
oficial es el paro de larga duración. A escala nacional, el paro de larga
duración representa más de un tercio del desempleo total. En Extremadura, una
región donde el desempleo estructural lleva décadas siendo elevado, este
fenómeno tiene una dimensión particularmente grave: afecta de forma
desproporcionada a mayores de 45 años, a mujeres con escasa cualificación y a
trabajadores del sector agrario que han perdido su empleo tras décadas de
trabajo irregular o estacional.
Sin embargo, los comunicados de la Junta nunca incluyen
análisis sobre qué pasa con las personas que llevan más de un año en desempleo,
cuántas de ellas tienen acceso a prestaciones, ni qué tasa de recolocación
tienen los programas activos de empleo del SEXPE. La narrativa se construye
siempre sobre el plano de la variación mensual, nunca sobre el diagnóstico
estructural.
8. Convergencia o divergencia: la pregunta que nadie formula
El Gobierno
de la Junta de Extremadura insiste en que la región "avanza en
convergencia con España". Pero ¿cuál es el ritmo real de esa convergencia?
Con una tasa de paro que duplica la de comunidades como Cantabria o Madrid,
con salarios medios que están entre los tres más bajos del país, con un tejido
empresarial concentrado en sectores de baja productividad, la distancia
estructural entre Extremadura y las regiones más prósperas de España no se
cierra con buenos titulares.
La afiliación a la Seguridad Social en Extremadura cayó
en febrero de 2026, siendo una de las pocas comunidades donde el empleo no
creció ese mes, mientras el conjunto del país sumaba más de 97.000 afiliados.
Esto no aparecerá, previsiblemente, en ninguna rueda de prensa del Gobierno
autonómico. Pero forma parte de la realidad del mercado laboral extremeño tanto
como el dato positivo que se eligió ese mismo mes para el comunicado oficial.
Precisamente
el dato de la afiliación es el más paradigmático de lo que pretendo trasladar
en este artículo. A pesar de que las cifras en Extremadura son de récord, y ahí
es donde se queda la información mediática de la Junta de Extremadura, en el periodo
2020/2026 la tasa de afiliación en nuestra Comunidad fue del 7,21%, mientras que
la media del país se sitúo en el 15,79%.
Conclusión: el derecho a una información completa
El problema de fondo no es que el Gobierno extremeño
mienta. Es que selecciona. Construye su relato sobre datos reales pero elegidos
cuidadosamente para presentar la mejor imagen posible, silenciando
sistemáticamente todo aquello que no encaja en el mensaje de "Extremadura
avanza". Esta selección interesada tiene un coste democrático real: la
ciudadanía no puede evaluar correctamente las políticas públicas si solo recibe
la información que el Gobierno decide mostrar.
Un análisis honesto del mercado laboral extremeño
requeriría, como mínimo, incorporar al discurso oficial los siguientes
elementos: la posición relativa de Extremadura en el ranking nacional de
desempleo; la calidad y estabilidad del empleo creado; los niveles salariales y
su comparación con el resto del país; la emigración juvenil y su impacto en la
demografía activa; el paro de larga duración; y la evolución de la tasa de
actividad como indicador de participación efectiva en el mercado laboral.
Mientras
esas variables no formen parte del relato oficial, los datos de empleo en
Extremadura seguirán siendo, como tantas otras veces, una verdad a medias
que oculta una realidad entera
Fuentes: EPA (INE), SEPE, Ministerio de Trabajo y Economía
Social, USO-Extremadura, Consejo de la Juventud de Extremadura, Encuesta de
Estructura Salarial (INE), Randstad Research.
Abril 2026